Descripción
Reseña
Las autoras nos comparten que, a pesar de todo lo escrito y transmitido de diferente manera, sigue latiendo en sus corazones un grito clamoroso que no podemos callar, una vertiente que surge como caudal de agua fresca y puja desde adentro, queriendo salir a la luz. Es la necesidad de seguir invitando a darnos cuenta de todo lo que Dios nos dio y sigue dando: su inabarcable Amor; la riqueza inmensa del Evangelio; todo lo que disponemos para ser felices y vivir plenamente; lo que tenemos ante nuestros ojos y no nos permitimos gozar y disfrutar a mano llena. Expresar una vez más que confiando enteramente en la Bondad y Cercanía de Dios, nuestra vida fluye serena y gozosamente.
Este libro quiere ser un humilde eco de las palabras del mismo Buen Pastor que “vino para darnos la vida y vida en abundancia” y nos invita a adentrarnos en el misterio de su Amor, siempre de nuevo y volver a encontrar en Él la felicidad y plenitud a la que estamos llamados. El contenido de los temas de este libro es muy conocido, de una u otra manera, hasta podemos decir peligrosamente conocido. El peligro consiste en acostumbrarnos tanto a determinadas verdades de nuestra fe o textos bíblicos, que ya dejan de conmovernos o asombrarnos, ni llegan a cambiarnos la vida. La propuesta entonces, es asomarnos sigilosamente, en puntas de pie, a cada uno de los misterios, volver a respirar estas verdades, una y otra vez, despertando nuestra capacidad de asombro frente a lo inescudriñable de los mismos. Respiremos hasta que se apoderen de nuestra mente como de nuestro corazón y hasta que, en cada célula de nuestro cuerpo, el Evangelio se vea encarnado.
“Llamados a vivir en plenitud” es también una invitación a bucear en su insondable profundidad y emerger cada día, más transformados.
El desafío de este libro es aproximarnos a los textos, como si nos encontráramos por primera vez con las verdades de su contenido. Dejarnos sorprender por las lecturas bíblicas y tomar consciencia de la profundidad de los misterios en los que creemos.
Estos misterios son insondables, por eso, no importa la madurez espiritual que cada uno tenga, necesitamos una y otra vez, volver a zambullirnos en las profundidades del Amor de Dios.









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