Descripción
Reseña
Claudio Risso nos comparte el libro número 12 de su colección “Predicaciones”. Esta obra, “Camino al cielo” – Teosiología es una síntesis de los pilares de nuestro proceso de espiritualidad, al cual, como iglesia, estamos llamados: la santidad, vocación universal… No existe un estado específico para la santidad sino que cada uno laico/a, religioso/a o sacerdote, en su vocación singular, por cierto, con sus exigencias éticas, está llamado.
En el verdadero Camino de conversión, vamos madurando, a través de la experiencia de la vida; vamos haciendo nuestras opciones como así también tomamos nuestras decisiones. En este sentido, proponernos ser “hombres espirituales” es nuestra prioridad ya que el Espíritu del Señor es quien nos convoca a tener una vida con una capacidad de trascendencia que supera nuestra imaginación, nuestros deseos y por supuesto, nuestra razón. La clave es “ser de Dios”. Abarca mucho más que “hacer”. Aspiremos a “ser de Cristo”, desde nuestros pensamientos, emociones y sentimientos, palabras y actitudes.
Si redimensionamos el Bautismo, su contenido, su finalidad, ser santos, su dinámica, ¡cuánto camino hay que recorrer! Sin embargo, la santidad de un cristiano consiste en la capacidad de amar. Es la suprema capacidad…Ciertamente, “nosotros amamos porque Él nos amó primero” (1 Jn 4, 19), lo cual implica un compromiso de vida. Es así que respondemos al llamado de Dios con paz y bienestar. Caminamos… hay tropiezos, conflictos, desafíos, vicisitudes, en distintos ámbitos de la vida.
Claudio Risso, a través de todo el libro, nos invita a preguntarnos si vivimos una espiritualidad encarnada según nuestros estados de vida; como laicos, como religiosas/os o como sacerdotes. La auténtica espiritualidad pasa por un proceso de despojo, de ofrecimientos, de cordura, de comunión, de entrega y de servicio (en lo concreto de la propia vocación y en lo cúltico). El Señor Jesús, en el diálogo con la samaritana (Jn 4, 1ss) nos enseña que debemos “adorarlo en espíritu y verdad”, esto es, con la autenticidad de nuestra vida.
No debe amedrentarnos nuestra fragilidad. El Apóstol Pablo nos enseña: “cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor 12, 10). Parece una paradoja. No obstante, es tan cierto. Por eso, transitemos nuestros pasos por la tierra con fe y entrega, adoptando nuevas formas de disfrutar la vida de fe teniendo siempre presente que nos espera el Paraíso. Pertenecemos a la familia escatológica de Jesús.









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